¿Puedo quedarme con un bien que me he encontrado en la calle?

¿Puedo quedarme con un bien que me he encontrado en la calle?

Artículo publicado en Hoy Aragón, medio de comunicación con el que colaboramos periódicamente.

Recientemente un hostelero con problemas económicos se ha hecho famoso por devolver un sobre con cuarenta mil euros a su legítima propietaria. Un acto tan simple resulta un golpe de aire fresco para esta sociedad, demostrando que aun existen personas que empatizan con los demás y son capaces de actuar correctamente sin anteponer sus situaciones personales.

Mucha gente ha podido estar en una situación similar y encontrarse en la calle una cartera, un móvil o una pulsera de cierto valor y ha dudado entre comunicar a las autoridades dicha situación o callar para siempre y adjudicarse el bien en concreto.

Puede parecer intrascendente, al margen de conceptos morales, el hecho de apropiarse de un bien sin dueño conocido y no entregarlo a las autoridades pero todo lo más lejos de la realidad.

El Código Penal regula la apropiación indebida en el art. 253, si bien los supuestos de hecho que exponemos se recogen en 254 CP: “Quien, fuera de los supuestos del artículo anterior (art. 253), se apropiare de una cosa mueble ajena, será castigado con una pena de multa de tres a seis meses. Si se tratara de cosas de valor artístico, histórico, cultural o científico, la pena será de prisión de seis meses a dos años. Seguidamente en su apartado segundo establece: 2. Si la cuantía de lo apropiado no excediere de 400 euros, se impondrá una pena de multa de uno a dos meses”.

Como recoge el propio Código Penal las penas oscilan entre la pena multa de tres a seis meses o pena de prisión de seis meses a dos años si se tratase de cosas con valor artístico, histórico, cultural o científico. En caso de que el bien tuviese un valor no superior a cuatrocientos euros la pena sería una multa de uno a dos meses.

¿Cosa perdida o cosa abandonada?

El Tribunal Supremo ha venido a aclarar que el Código Penal persigue la no devolución de una cosa perdida, no la de un bien abandonado.

Para determinar qué es una cosa perdida habrá de estar a la experiencia, al ánimo de lucro de los actos y a la naturaleza del bien junto a criterios de verosimilitud o probabilidad.

Como ejemplo sirva que no sería lógico pensar que una persona deje abandonado un ordenador portátil valorado en seiscientos euros y que parece más verosímil que lo haya perdido.

En definitiva, queda claro que si una persona se encuentra un bien perdido por un tercero debe ponerlo a disposición de las autoridades para encontrar a su legítimo propietario.

Si no se hace por una cuestión de puro civismos que al menos sea por las posibles consecuencias penales que puede conllevar apropiarse dicho bien.

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